sábado, 12 de septiembre de 2009

Musica

El arco tiene dueño


Entre los silbidos con que los hinchas de Racing despidieron a sus jugadores, entre una profunda decepción frente a un partido que se le escapó por la exagerada postura del equipo de meterse atrás, entre la preocupación por la ausencia de triunfos en el torneo... Entre tantos motivos de malestar, hubo algo positivo para Ricardo Caruso Lombardi: encontró al arquero. Luego de prácticamente no haber tenido trabajo en su debut, ante Arsenal, anoche Jorge De Olivera fue exigido muchísimo y respondió con una solvencia que le permitirá seguir como titular. Es decir, le robó el puesto a Pablo Santillo, quien dejó algunas dudas en sus primeros dos partidos y viene de un esguince en el tobillo izquierdo que lo marginó hasta del banco.

"Estoy viviendo un sueño con esto de poder atajar en un club grande, y encima en este nivel. Ojalá lo mantenga", expresó el arquero. Consultado sobre su futuro más inmediato, sus declaraciones llevaron impregnada una cautela considerable: "No sé si voy a continuar de titular, eso es algo que decidirá el entrenador. Yo tendré que acatar lo que él elija".

Sólo el centro de Stracqualursi hacia atrás, previo a que Chirola Romero la empujara al gol del empate, pudo vulnerar a Dida, dueño de una noche que rozó la perfección. En los centros, en los remates por abajo y en los de arriba. Siempre transmitió una seguridad plena que no se vio en Racing desde el estreno de Hilario Navarro. Fueron seis las pelotas de gol que tapó, la mayoría en el primer tiempo: voló hacia su izquierda y con la mano cambiada sacó un tiro de Cardozo que iba al ángulo izquierdo, controló dos cabezazos difíciles a Stracqualursi, mandó al córner un disparo de Rinaudo, le sacó un complicado remate a Vizcarra y en el segundo tiempo le detuvo un tiro libre potente de Maldonado, pese a que la barrera obstaculizó su visión. Además, nunca se complicó con los pies.

Voló mucho, resolvió bien por estar ubicado y en los envíos aéreos atenazó la bocha desde su 1,96 metro. Más allá de las cualidades técnicas, también les habló constantemente a sus compañeros para que se alejaran del área y adelantaran las líneas. Como sus gritos no alcanzaron, se le observaron gestos de incomodidad y resignación. Pero fue la figura, el hombre determinante para que la derrota de Racing no fuera todavía más profunda. A él se lo debe el equipo.

Anda por el piso


Nocaut técnico. En ese juego previo que Madelón había impuesto desde la dialéctica, el DT de Gimnasia había dicho que Racing era como un boxeador que no cambia piña por piña. Un sabio. Racing es un boxeador, sí, pero más bien tipo Rocky Balboa, que se deja golpear hasta que saca una mano celestial. Claro, en el fútbol la cuestión suele ser distinta: el que especula, y abusa de esta maniobra, a la larga termina en la lona. En un inicio de campeonato donde apenas van cuatro fechas, el volcán entró en ebullición: los tiempos se acortan, el juego no aparece y el fantasma del descenso, que maquilló la pobreza de ideas en el semestre pasado, ahora ya no pesa como atenuante. Por eso el puntito de anoche dolió como una derrota. Por eso el Cilindro nuevamente volvió a ser una ópera con silbidos atronadores como música, con hinchas agolpados insultando a Caruso y a los jugadores, con esa insípida sensación de que el equipo va para atrás.

Del optimismo de pretemporada (¿se acuerdan de eso de que "ahora vamos por las copas"?) a la triste realidad. Ojo, empatar no es triste, no jugar a nada sí. Pasó otro rival directo, porque aunque duela, ahora sí Racing deberá empezar a preocuparse otra vez de los rivales directos. Gimnasia, que llegó a Avellaneda desangrado, con tres derrotas al hilo y sin goles a favor, lo tuvo a cachetazo limpio durante todo el primer tiempo. Seguramente, acá pueda encontrarse la única gota de agua fresca en medio de tanto desierto: la noche dejó la certeza de que Caruso encontró el arquero. Lo de De Olivera fue tremendo. Enorme para sacar todo lo que le cayó. No pudo hacer nada en el empate de Romero: hubiese sido demasiado.

Es insostenible, desde todo punto de vista, la tendencia que tiene Racing de retroceder en el campo. ¿Quién tiene la culpa? ¿Los jugadores? ¿El DT? Señores, es compartido. Aunque el cabeza de grupo es el que elige y arma la estrategia... La Acadé es un equipo corto entre sus defensores y volantes. Y es un equipo extremadamente largo entre los volantes y los puntas. Entonces, todo concluye en pelotazos largos, pura lucha. Saben que arriba Lugüercio está programado para chocar y chocar, para pelear como un león. Así, es probable que Santiago Phelan, entrenador de Los Pumas, lo convoque para algún test match.

Racing no fue ni siquiera inteligente para aprovechar el 1-0 que consiguió en su peor momento, acaso en la única jugada "colectiva" que mostró. Tuvo ¡10! minutitos de furia en el arranque del segundo tiempo. Murió ahí. El doble cinco retrocedió. Los volantes desaparecieron. La pelota ardía y el partido pedía a gritos un buen pie para tenerla un poco (Grazzini, nuevamente, entró a la hora en que los boliches cierran). Gimnasia fue para adelante. Sí, también sin fútbol, pero avanzó, lo buscó. Se avivó que del otro lado estaban para atrás.